Después de un intento de aborto por cloruro de potasio, Sarah Brown nació ciega y con daño cerebral… sin embargo logró vivir durante cinco años. (…)

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En julio de 1993, una madre de 15 años de edad fue llevada a los servicios de salud para abortar a su hija en la etapa final de su embarazo. El embarazo estaba tan avanzado que el bebé ya estaba en posición para el parto. En ese tiempo todavía no se había perfeccionado el método de la inducción del aborto, según, George Tiller “se inyecta la cabeza del bebé en dos lugares, en el lado izquierdo de la frente por encima de la ceja y en la base del cráneo, cloruro de potasio, dejando permanentes marcas de quemaduras y cicatrices de rastros de aguja”.


Cuando la joven madre regresó al día siguiente para seguir el procedimiento de aborto, se encontró que el bebé no estaba muerto, tal como se esperaba por las inyecciones letales en la cabeza. La madre fue enviada a un hospital local donde nació el bebé. Cubierto en una manta, la dejaron en un lavabo sin atención para que muriera.



Increíblemente, después de 24 horas, la niña continuó viviendo a pesar del hecho que no había sido lavada, el cordón umbilical no había sido cortado y que no había recibido ningún tipo de nutrición o Hidratación. Una enfermera tuvo compasión del bebé y  contactó a un abogado, que a su vez contactó a una familia que finalmente la adoptó y la llamaron Sarah. Aunque los médicos dijeron que Sarah no sobreviviría más de ocho semanas, bajo el cuidado de su nueva familia, vivió  cinco años. El fallido aborto disminuyó su progreso y dejó su cerebro dañado, ella fue incapaz de caminar. Sin embargo, los miembros de su familia nunca lo vio como un peso y se dijeron bendecidas por ser parte de su corta vida.


Esta trágica historia ilustra no sólo la depravación de el hombre que puede matar a niños inocentes de una manera brutal,  sino también es un testimonio de lo valiosa que es la vida.

Articulo del equipo de  operation rescue  y CQV traducción CM. 

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