Los hechos suceden en Clisson un pueblo pequeño de la Loire, Francia. El alcalde socialista M. Coudrais en nombre de la ‘diversidad musical’ organizó un evento titulado Hellfest, «la fiesta del infierno»la cual es ampliamente apoyada por el contribuyente con 1 millón 200.000 euros. (…) Hay cruces invertidas incendiadas. Los Músicos» gritan terribles blasfemias contra Cristo y la Virgen María. Todo para alimentar el odio a los cristianos, empujando a los joven atacar a las iglesias, profanar los cementerios y las sepulturas más el gobierno no hace prácticamente nada.
(…) Los residentes fueron obligados a salir de sus hogares, atacados por aullidos, el terrible ruido, el comportamiento de los asistentes del festival, incluyendo todo tipo de destrucción(…)La policía no quiso recibir la más mínima queja. Una petición recogió más de 7.500 firmas para que el festival sea cancelado. Pero los organizadores siempre han negado el carácter anti-religioso.(…)
Esperemos que el nuevo alcalde escuche a los ciudadanos y este mes de julio prohiba tal seudofestival.